Intensidad de carbono en el transporte de carga: el indicador que redefine la descarbonización logística
¿Por qué hablar de intensidad de carbono hoy?
Durante años, la eficiencia logística se midió en costos, tiempos y nivel de servicio. Hoy, hay un indicador que está transformando esa conversación: la intensidad de carbono.
Este indicador mide los gramos de CO₂ emitidos por cada tonelada-kilómetro transportada (gCO₂/ton-km) y permite comparar objetivamente qué tan contaminante es cada modo de transporte.
El transporte es uno de los principales emisores de CO₂ a nivel global y el transporte de carga representa una proporción significativa de estas emisiones, lo que lo convierte en un eje clave para la descarbonización.
El dato estructural: no todos los modos emiten igual
En nuestra cartilla de descarbonización presentamos datos contundentes:
• Aéreo: 602 gCO₂/ton-km
• Carretero mediano: 305 gCO₂/ton-km
• Carretero pesado: 145 gCO₂/ton-km
• Fluvial: 31 gCO₂/ton-km
• Férreo: 22 gCO₂/ton-km
• Marítimo: 14 gCO₂/ton-km
Esto significa que:
• El transporte aéreo genera aproximadamente 4 veces más emisiones que el carretero mediano.
• Y más de 20 veces las emisiones del modo férreo.
• El ferrocarril puede emitir hasta 14 veces menos que el transporte por carretera
La elección modal puede multiplicar o reducir drásticamente la huella de carbono sin cambiar el volumen transportado.
América Latina: alta dependencia del modo carretero
En América Latina y el Caribe, hasta el 85,9% del movimiento de carga se realiza por carretera. A diferencia de economías con mayor equilibrio modal, la región presenta:
• Infraestructura ferroviaria limitada
• Baja intermodalidad
• Alta fragmentación logística
Esta estructura incrementa la intensidad de carbono regional y limita la capacidad de migrar hacia modos más eficientes.
Intensidad de carbono y eficiencia operativa
Reducir la intensidad de carbono no es solo una decisión ambiental, también es una decisión de eficiencia.
Modos más eficientes en emisiones implican menor consumo de combustible por tonelada transportada, lo que se traduce en reducción de costos operativos.
Además del cambio modal, existen estrategias complementarias como:
• Optimización de rutas
• Consolidación de carga
• Reducción de kilómetros en vacío
• Renovación de flota
• Uso de combustibles alternativos
Estas acciones permiten reducir emisiones incluso cuando la infraestructura no cambia.
De la medición a la transformación
La intensidad de carbono es el punto de partida para cualquier estrategia de descarbonización del transporte de carga. El enfoque Evitar – Cambiar – Mejorar (ASI por sus siglas en inglés) ofrece una guía estructurada:
• Evitar: Reducir kilómetros innecesarios.
• Cambiar: Migrar hacia modos más bajos en carbono.
• Mejorar: Aumentar la eficiencia energética de vehículos y combustibles.
La pregunta no es si debemos descarbonizar el transporte, la pregunta es ¿qué tan alineada está hoy la red logística con los datos?
Porque cuando un modo de transporte puede emitir 20 veces menos que otro, la decisión deja de ser operativa y se convierte en estratégica.
Si quieres saber más de este tema, te invitamos a descargar nuestra cartilla de descarbonización:
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